Un acto de rebeldía

Apostar por lo presencial es un acto de ¿rebeldía? En estos tiempos, donde todo pareciera estar al alcance de un click, pensar en el cara a cara, el contacto, la cercanía, parece haberse convertido en algo demodé, más allá de las restricciones y protocolos de seguridad a los que nos hemos visto sometidos por la pandemia.

 Cuando pienso en la importancia que tiene el contacto en nuestras vidas, la primera imagen que viene a mi mente es la de un bebé en una incubadora. Las madres sufren. Sufren al no poder abrazar, oler, sentir a su bebé. Pienso en los niños pequeños jugando con sus amigos, una instancia vibrante, llena de comunicación, colaboración, intercambio de objetos, discusiones para ponerse de acuerdo. 

En los adultos también, nada sustituye esa junta, donde puedes ver a tu familia, amigos o compañeros de trabajo a cuerpo entero, sin delay, sin textos que se puedan malinterpretar, sin tanto emoji, pero muchos memes.

 Estar presente. Contacto, cercanía. ¿Realmente son cosa del pasado? 

La tecnología es maravillosa, eso nadie lo pone en duda. Tal vez, a lo que voy es que, hay ciertas actividades y negocios que van perfectamente de la mano con esta migración que hemos tenido que hacer al mundo digital. Otras, no tanto. Basta con preguntarle a cualquier madre cómo ha sido la experiencia con la educación online para escuchar discursos llenos de cansancio, frustración y el imperioso deseo de desdoblarse en el caso de tener más de un estudiante en casa. No estábamos preparados, pero nos tocó. Muchos que pensaban “esa reunión pudo haber sido un correo”, ahora sufren la famosa fatiga digital. Otros darían lo que fuera por escapar de casa un rato para ir a la oficina. 

Por otro lado, empresas de marketing, comida, talleres, congresos, cursos, clases de yoga y ventas de cualquier artículo que se pueda entregar en la puerta de tu casa, han vivido una especie de renacimiento. La variedad de cosas que la gente ha estado comprando durante la pandemia es tan grande como lo que nuestra imaginación pueda abarcar. La cantidad de servicios que han surgido a raíz de la cuarentena también. ¿Cumpleaños por zoom? Por supuesto que sí, mi única pregunta cuando alguien me dijo que su nieta de 4 años había participado en uno, no muy convencida, por cierto; fue: ¿cómo hicieron con la torta?

Mi caso es como la torta del cumpleaños por Zoom. Hace años se me ocurrió la idea de crear un Espacio Creativo para ayudar a grandes y chicos a desarrollar habilidades y resolver desafíos a través del juego. Cara a cara, compartiendo, interactuando. Desde el día uno estaba clara que mi foco era meterme de lleno en las construcciones de la gente, tomarlas, darles vuelta, ver por qué colocaron una pieza de una manera, por qué sobra o falta algo; me apasiona jugar a una especie de detective que busca pistas para generar insights que ayuden a los demás. 

Durante la pandemia podría decirse que pasé por dos etapas, la primera: mi servicio está diseñado para ser presencial, necesito meterme de lleno, escudriñar en las construcciones para sacarles el mayor provecho. La segunda: sigo pensando lo mismo, pero estoy abierta a convertirme en una especie de híbrido que, sabiendo la importancia de lo primero, entiende que un espacio que genere bienestar es fundamental en estos tiempos, así sea otra sesión por Zoom. Recordar que el juego es fundamental en nuestras vidas me ha ayudado a flexibilizarme y adaptarme. Con esto en mente, estamos preparando una sesión de juego para uno de nuestros clientes, diseñada para aplicarse presencial o virtualmente. Otra para un grupo de emprendedoras, 100% virtual. Flexibilidad, adaptar el GPS, pensar fuera de la caja, ha sido fundamental en mi proceso.

El tiempo dirá si seguir apostando por lo presencial es un acto de rebeldía o no. 

Escrito por Debbie Dressler 

@somosptl

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