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Tika es el primer snack chileno elaborado en su totalidad con productos vegetales y nativos de nuestro país. Sin colorantes, ingredientes artificiales, ni gluten; este producto que ha llegado hace un tiempo y lo ha hecho para quedarse.

Detrás de esta marca hay una mujer, ella es Carolina Echenique Pellegrini, ingeniera agrónoma de la Universidad Católica, quien luego de una gran crisis supo sobreponerse, reinventarse y darle un nuevo giro a lo que de snacks se trata.

Como bien sabemos, el emprender no es una tarea fácil de llevar, sumado a esto Carolina es mamá y exporta a más de 15 países. ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo se logró posicionar? A continuación

¿Cómo fue el  proceso de emprender? ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos al mundo del emprendimiento?

Para mi emprender fue una respuesta innata, partió incubándose de a poco. Tampoco fue de un día para otro. Comencé cuando nos fuimos a vivir fuera de Chile porque mi marido iba a hacer un MBA. Ahí partí con algunas cositas que fueron pequeños comienzos de emprendimiento; empecé a vender paté envasado. Me di cuenta que era súper entretenida esta cuestión de tener la libertad, de poder hacer lo que tú querías, conjugar las cosas en que tú sientes que puedes aportar más. Al mismo tiempo, conectarme; a través de un servicio o producto, con un consumidor que no conocía fue genial; cómo a través del producto podía  dar ciertas ideas, ciertos matices y comunicarme con un consumidor a través de un packaging , de un concepto, de una frase y empezar a descubrir un mundo totalmente distinto. 

Ahí comencé y después, ya de frentón, fue cuando tuve este sueño. Fue un día en que me acosté muy enojada con Dios, porque soy católica y ese día había tenido una pérdida familiar bien grande. Esa noche tuve un sueño en el que caían papas de colores y no sé por qué amanecí con toda la intuición a flor de piel de que tenía que hacer esto. Estaba súper porfiada, obsesiva, como obtusa con esta idea de hacer un snack natural a partir de vegetales de colores, súper saludable, orientado para niños; ahí empezó a irse todo por un tubo. En el fondo, todo muy conectado con una intuición personal.

¿Podrías decir que el emprendimiento tiene mucho que ver con el tema de la intuición?

Totalmente, es conectarte con algo que está ahí y que de repente nos cuesta verlo o darle tiempo y espacio; entonces, de cierta forma, a través de este sueño, no sé por qué amanecí tan empecinada en hacer esto y me puse a trabajar en un proyecto en el que  empezó a evolucionar todo rápidamente. Me di cuenta que muchas cosas que habían pasado antes en mi vida o que había hecho o, incluso las mismas carreras que había estudiado, me aportaban en este concepto que nació tan como de la nada. De repente todo tuvo relación, sentido y un propósito súper concreto.

¿Cómo empezaste a bajar a la concreto esto que era el proyecto?

Empecé haciendo un estudio de mercado de lo que significaba el snack en Chile, cómo funcionaba el aperitivo en el país: qué empresas había, qué tipos de snacks había, qué existía más saludable, qué buscaba la gente, cómo eran los packaging. Empecé a empaparme con todo el proceso de hacer un snack, cuáles eran los aceites, por qué usar una sal y no la otra, cuánto duraba un producto, qué vegetales existían, cuáles freían y cuáles no, cuáles eran mejor horneados, qué variedad podía tener un proveedor chileno de vegetales que en ese minuto nunca se habían usado en la industria. Fue estudiar todo el concepto. En eso estuve dos o tres meses y ahí ya tuve más clara la película sobre a dónde apuntaba el producto. Primero, estudié hacia dónde iba a meterme, cuál era la industria para entender un poco dónde estaba parada; después fue estructurar el producto en sí. Cuando ya me dije ”¿Sabes qué? Yo voy a hacer esto”, porque no había mucho análisis. Era una cuestión súper intuitiva, sentía que era una guagua que había que parir. Ahí ,me puse a buscar el nombre, a ver los packaging, a entender un poco qué valores agregados podía yo entregarle a este producto, cómo armarlo de una forma que conversara súper bien con el consumidor sin necesidad de gran publicidad porque, obviamente, no iban a estar las lucas como para poder hacerlo, pero la idea era que, al mismo tiempo, se viera un producto súper bien hecho, súper bien estructurado desde el inicio. Y fue así, tanto que la gente pensaba que era traído de afuera, no pensaban que era chileno.

En el marco del emprendimiento femenino ¿Cuál crees tú que ha sido el mayor logro de Tika?

Como emprendimiento femenino, yo te diría que fue como una revolución, porque hoy día es más lógico hablar de emprendimiento.. Hay un montón, no solo de emprendimientos, sino que ya está ultra manoseado el concepto. En esa época, bueno, siempre ha sido muy difícil emprender, pero era muy difícil tocar una puerta amiga porque fueras mujer o porque fueras emprendedora. No había tanto cartel de que hay que ayudar al emprendedor, es importante para el trabajo, para la motivación, es importante para el rol femenino. En ese sentido, yo creo que Tika fue como una luz que abrió un camino porque en el fondo; fue el primer emprendimiento, súper visible, de un producto bastante masivo que formó un nicho nuevo en la góndola de snacks de los supermercados. Entonces, ayuda mucho a levantar la imagen de una mujer que de la nada surgía con un producto súper atractivo que no era ninguna experta en ningún área, digamos. Marcó mucho un antes y un después, rompió muchas barreras de conceptos culturales de que la mujer siempre tiene que trabajar con un hombre, de que la mujer cuando no ha empezado a una edad o no tiene la experiencia no le va a ir bien. Tika rompió com muchas barreras de estigmas de lo que era el emprendimiento en Chile, pero no sólo del emprendimiento en sí, sino que del emprendimiento femenino.

 

 ¿Cómo logras organizar tu tiempo como mujer y emprendedora?

Creo que son procesos, etapas. Si hablas de un estado más inicial de un emprendimiento cuesta mucho, duermes poco; es bien sacrificado en muchos sentidos, es súper complejo, pero a medida que uno va armando un equipo, uno va como formando una estructura que te permite salir jugando más fácil, sin embargo, para llegar a esa estructura, cuesta y es difícil en muchos sentidos. Uno cree que siempre detrás de un emprendimiento exitoso todo fue obvio y fácil; como plástico y es mentira; fue súper duro, fueron muchos minutos de mucha angustia, de inseguridades, de falta de recursos; no sólo monetarios, sino que técnicos, energéticos. De verdad que se complejiza mucho, cuando uno parte. Tuve la suerte de que tengo un emprendimiento que tuvo número azules al tiro, entonces, eso también ayudó mucho a que empezara a flotar más por sí solo, al menos en términos numéricos. Después uno ya va avanzando más. 

 

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¿Cómo crees que las mujeres manejamos la autoconfianza?

Nosotras, como mujeres, somos  las peores aportilladoras de las luces que se nos ocurren. De repente creemos que es súper obvio lo que estamos pensando y no es tan obvio; no es tan fácil tampoco. Creemos que porque a nosotras nos brota o porque nos sale súper intuitivamente, creemos que es súper evidente, pero al final no es nada de evidente y te das cuenta que estás marcando un precedente en la historia; que estás construyendo una cuestión súper única porque hay alguien que te está dando el espacio para que tú confíes en ti. Si no es tu familia, porque en general, no es la familia la que te apoya cuando tú emprendes, porque te quiere proteger; entonces al final, termina siendo como una “doble pata” porque te dicen -¿para qué? Ten cuidado- Te frenan. Una mujer externa, que ve el cuento de lejos, en otra perspectiva, te puede ayudar mucho. Para mí Mujeres Empresarias fue súper clave porque me hizo creerme el cuento cuando estaba ni en pañales. Me dijeron postula al premio mujer empresaria. Y yo -Estay loca, si yo llevo en esta cuestión 3 meses, tengo nada de facturas- Postulaban mujeres súper capas que vendían no sé cuántos millones dólares, con empresas ultra formales; nosotros éramos como 3 pelagatos en mi proyecto. Pero ellas me dijeron, postula y esa visión de mujer, de estar fuera de la película, de estar empapada  en un mundo mucho más grande que el que una está en ese minuto mirando, para mi fue clave. Postulé al premio Mujeres Empresarias muy ayudada por ella, incluso creo que me ayudó a llenar el formulario. Así de poco tiempo tenía yo para poder postular a este premio y cuando gané, fue como decir -Parece que hay alguien que está viendo lo que yo no.

Es complejo el tema de la confianza femenina, sobre todo en mujeres que nunca han trabajado antes. Yo nunca había trabajado en una empresa; había hecho clases en la universidad pero nunca había estado en contacto con un consumidor, aparte del paté que vendí pero eso era muy artesanal, casero. Nunca había mirado las oportunidades que existían laboralmente porque estaba dedicada a otra cosa. Estaba súper orgullosa y feliz de ser mamá y dedicarme a mis 3 niños. Era súper chica, 29 años y tenía 3 niños, entonces tuve la suerte de poder dedicarme a ellos, pero cuando no has tenido esa mirada como de trabajar antes; el que te validen en un estado inicial de tu producto es bien importante psicológicamente para decir -¿Sabes qué? puede ser que la cuestión vaya a prender súper heavy y eso te hace tomar buenas decisiones. Si no te lo crees muy al principio, te pasan por arriba. Alguien que te copia o algún vivaracho en el camino que se acopla a tu idea.

Alguien siempre te ayuda a empoderarte y si no es tu familia, sino que un externo, es clave para que sepas que lo que estás pensando no es tan evidente y que tu instinto aportillador de mujer no te mate.

Como mujer, yo creo que una lucha primero, consigo misma para emprender y después con el resto, porque una es la primera que dice no. El otro día vi una cosa interesante que decía que los hombres, cuando se enfrentan a un desafío, se tiran igual, dicen ahí veo cómo lo hago, cómo saco las habilidades o me cachiporreo en el camino para venderme como me tengo que vender. En cambio, la mujer lee las metas de lo que tiene que hacer y dice -Uy, por acá estoy guateando- y empieza sola a decir -mejor no postulo, no voy a quedar. Entonces, en el sentido del emprendimiento, partimos como tres peldaños más abajo que un hombre, porque tenemos que sortear más dificultades pero además tenemos que ser capaces de pelear contra nosotras mismas y contra el sistema.

¿Cómo fue el proceso de ingresar al retail?

Fue bueno porque llevábamos muy poco tiempo en el mercado. Nos dimos cuenta muy tempranamente que el producto tenía mucha aceptación y que teníamos, muy rápidamente, que estar capacitados para poder crecer. Así es como busqué un socio porque encontraba importante tener ayuda, sobre todo que fuera un hombre, en el sentido que pudiese trabajar 24/7. Ahí empezamos a hablar con los supermercados que ya nos habían tocado la puerta varias veces. En ese tiempo no existían esas leyes de tratar mejor a las empresas chiquititas y artesanales, eran las mismas condiciones, entonces lo que logramos es que pudimos entrar con decisiones nuestras, dijimos -queremos entrar a supermercados pero las reglas son estas, logramos negociar; en cierta forma, cuidar al producto y protegerlo para poder ir creciendo nosotros e ir creciendo en los supermercados a medida que nos íbamos sintiendo capacitados de poder hacerlo, no en los tiempos que impusieran ellos; con reglas distintas del juego que ellos entendieran que era un producto que necesitaban y nosotros estábamos dispuestos a hacer el esfuerzo para que nos sintiéramos cómodos. 

 

En 2010, julio-agosto de ese año, comenzamos a entrar a supermercados. Fue un éxito altiro la gente estaba súper agradecida y feliz de poder contar con el producto en un lugar más grande. Lo otro importante que pasó fue que debido a que íbamos a empezar a generar un volumen distinto, nos dimos cuenta de que íbamos a tener ahorros y, obviamente, economías de escala. Ese porcentaje de precio queríamos que pasara directamente al consumidor, cosa que lográramos llegar a un público mucho más amplio y que la gente realmente, pese a que era un producto más caro que el tradicional que existía hasta ese minuto, se diera el espacio para probar algo que fuera un poco más caro, pero que no fuera muchas veces más caro.

 

Eso fue importante y además al supermercado le dimos un buen margen, cosa que fue clave porque nos protegió un poco contra los grandes, tika no sólo rota como un producto masivo, si no que deja buenos márgenes y es un producto gourmet.

¿Qué consejo le darías tú a la mujeres que están pensando en emprender hoy día?

Yo le diría a las mujeres que no hay peor aportilladora de una misma que una, que traten de pensar que las cosas que se les ocurren pueden ser espacios brillantes y no porque se le ocurran a una son obvias. Muchas veces nosotras tenemos grandes ideas, sabemos perfectamente lo que el mercado necesita, lo que el consumidor busca porque no lo encontramos y nosotras somos las principales compradoras. Se nos ocurre una idea y al segundo decimos -Ay no, si es obvio, a alguien ya se le debe haber ocurrido esto. Ese es el peor error de entrada que cometemos las mujeres, porque los hombres se tiran a la piscina, muchas veces, sabiendo que no hay agua en ella. Nosotras lo pensamos mucho más ellos, porque son como más desorganizados, nosotras le buscamos “18 patas al gato” al tiro.

Tenemos que ser capaces de decir -Oye, a lo mejor no es tan obvio lo que estoy pensando, a lo mejor, nadie lo ha pensado; a lo mejor, voy a poder sacar algo súper concreto de esto. Imagínate hacer las cosas un poquito menos armadas, a veces somos muy perfeccionistas para partir y por eso no partimos nunca o nos demoramos mucho y ya salió algo parecido o le dijimos a alguien y ya nos copiaron. Cerrar más la boca, empezar más a actuar y con hechos concretos, confiando en nosotras mismas, porque si no confiamos en lo que pensamos es imposible proyectar seguridad en otros.

Lo otro que les diría es que se conecten con ellas, con lo que nosotras tenemos. Dios nos regaló grandes cosas, las mujeres somos súper especiales: nos entregan espermatozoides y generamos vida, nos entregan unos ingredientes y hacemos un banquete…Nosotras tenemos esa plasticidad, esa capacidad de poder moldear, transformar, unir cosas y de pegarlas “con chicle” muchas veces, dentro de las familias, por ejemplo. Esa capacidad plástica que tenemos las mujeres de poder crear, desde nuestro útero hacia afuera, es una ventaja maravillosa para poder aportar al mercado y tiene que ser súper visible para el resto, para los hombres,  ser un complemento maravilloso para ellos. La única forma de que los hombres nos integren de verdad es que nosotras nos sintamos seguras que traemos esa plasticidad y que es un aporte desde otra visión. 

Por otra parte, las mujeres tenemos la responsabilidad de que educamos, nosotras hemos educado machistas. Hoy día somos las mujeres y son las mujeres jóvenes, las que están partiendo en sus familias, partiendo en educar las que deben enseñarle a sus hijos que somos igual de valientes, habilidosas y capaces de lo que son los hombres. Explicarles que la vida pasa muchas veces por las mujeres, gracias a eso, ellos tiene vida, partiendo por eso. Entonces no se puede menospreciar a las mujeres, porque eso no es validarse en su hombría, sino todo lo contrario. Un hombre que es capaz de reconocer los dones y las capacidades maravillosas de la mujer, se potencia también a él mismo.

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